Todos con el Mosca, nuestro querido Mosca

El Club Deportivo Colonia Moscardó, o también denominado Mosca de manera cariñosa entre los vecinos, nació en 1945 en una de las primeras zonas habitadas del distrito de Usera, concretamente en el barrio del cual heredó su nombre.

Y es que este lugar, efectivamente, debe su nombre al general franquista José Moscardó Iturarte, a quién las autoridades de aquél entonces decidieron concederle el honor de denominar este barrio con su apellido. Fue así como nació la Colonia Moscardó, que finalmente se acabaría denominando Moscardó.

No es un secreto entre los residentes que el nombre del barrio en el que viven cerca de 25.000 personas (el más poblado de Usera), ha sido heredado de uno de los culpables de una de las mayores masacres que ha vivido nuestro país y cómplice de una dictadura de casi 40 años que reprimió a gran parte de la población de nuestro país.

Incluso a veces, en el imaginario colectivo, se ha abierto el debate un posible cambio, devolviéndole la denominación de “Salud y Ahorro”, nombre original de la zona antes del final de la Guerra Civil.

Sin embargo, la cuestión del nombre no es un tema que haya alcanzado una destacada relevancia hasta ahora, cuando el abogado memoralista Eduardo Ranz ha presentado esta semana ante la Fiscalía Provincial de Madrid una denuncia al considerar que el CDC Mocardó “vulnera la Ley de Memoria Histórica”, acusando al Mosca de un delito de incitación al odio, recogido en el artículo 510 del Código Penal.

En referencia al general Moscardó, Ranz, quien ha solicitado al Ayuntamiento de Madrid y a la Real Federación Española de Fútbol un cambio de nombre del equipo, asegura que  “tras el final de la guerra ostentaría diversos cargos franquistas como jefe de la Casa Militar del Jefe del Estado, coincidiendo con la fundación, en 1945, de dicho club. Igualmente, en 1941 el general fue nombrado jefe de la Milicia Nacional hasta su disolución en 1944″.

Es difícil entender por qué Ranz ha decidido interponer una denuncia contra el Mosca y no contra el Ayuntamiento de Madrid, institución que a día de hoy mantiene el nombre de “Moscardó” en el barrio y que por el momento no ha puesto en marcha iniciativa alguna a proceder al cambio de nombre, ni siquiera una consulta entre los residentes, como si ha ocurrido con otros enclaves de la ciudad.

También es complicado comprender por qué a día de hoy se mantienen placas con el yugo y las flechas, símbolo de la Falange, en edificios construidos en la época franquista, como la situada en el número 130 de la calle Antonio López.

Además, justo al lado del estadio Román Valero, se encuentra situado el Club de Natación Madrid Moscardó, uno de los más laureados a nivel nacional y en el que han entrenado deportistas olímpicos de gran calado y que comete el “pecado” de copiarle el nombre al barrio en el que se encuentra.

Sin embargo, si hay algo que caracteriza a los vecinos de Usera es la búsqueda constante de la justicia social, derecho que han reivindicado a través de distintas plataformas culturales y vecinales del distrito.

Los colectivos han solicitado durante este tiempo la desmantelación de la depuradora La China, la subsanación las goteras en el Hospital 12 de Octubre y el colegio Ciudad de Jaén, la instalación de césped artificial en los campos de fútbol de Orcasitas y la interrupción del traslado de un centro de menores y el consecuente cierre de una residencia de mayores en Orcasur uno de los barrios más deprimidos económicamente de la capital, entre otros ejemplos.

El cambio de nombre del barrio y del Mosca no es una de las preocupaciones de los vecinos del distrito ya que, en este sentido, no han existido manifestaciones, campañas, ni concentraciones para denunciar ni a Ayuntamiento ni al propio club.

Los vecinos del barrio de Moscardó necesitan actualmente una escuela infantil, un urgente asfaltado de las vías del distrito, la puesta en marcha de vías para subsanar el problema de aparcamiento en la zona, una reducción considerable de los gases tóxicos que afectan a sus residentes, la instalación de aseos públicos, la nivelación de los pasos de cebra para facilitar a personas con movilidad reducida o la reforma de la denominada Plaza Romana.

Por su parte, el propio club asegura que nunca ha recibido una queja por parte de socios o rivales, además señala que otros clubes y negocios de la zona portan el nombre de Moscardó y nadie ha presentado ninguna denuncia contra ellos.

Por último, cabe señalar que el equipo, cuyo escudo e himno no portan ningún símbolo o ápice de apología del franquismo, heredó el nombre de la zona en la que se encuentra, como han hecho la gran mayoría de entidades deportivas de la ciudad y de nuestro país.

Seguramente para los aficionados y seguidores del club, tanto de izquierdas como de derechas, monárquicos o republicanos, todo quede en un susto y, posiblemente, en una anécdota. Pero hasta entonces, el Mosca podrá sentirse orgulloso de contar con el apoyo del barrio y del distrito.

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